domingo, 28 de noviembre de 2010

Genova y Alpicella

Llegamos a Genova, La superba, en la tarde y no nos detuvimos en ella. Ya conocíamos esta ciudad de un viaje anterior que efectuamos hace años. Será un gran puerto, pero me parece una fea ciudad... Además nuestro interés era visitar Alpicella el pueblo de mi abuelo Nicola Ratto (bisabuelo de mis hijos, claro) que queda en la localidad de Varazze (Provincia de Savona). Mi abuela Anna Ciarlo, era de Savona, la capital. Nos encaminamos montaña arriba para topar con un pueblito de unos 400 habitantes: 3 calles, una iglesia, una escuela pública, un cementerio y casitas antiguas, algunas bien mantenidas. Una casa muy grande en la montaña que llaman Il castello, anteriormente sede del gobierno municipal y hoy es una escuela para adiestramiento de perros policías, que tal ?


En ese pueblo bucólico y todavía rural todos son Ratto y por lo visto se casaban entre ellos, o el apellido es muy común, tal como pudimos corroborar en el cementerio.. Yo llevé las últimas fotos de los familiares de mi abuelo y de los primos de mi padre, a quienes le perdimos la pista por allá por los años 50, pero con tan pocos datos ni siquiera el más viejo del lugar pudo darnos una señal, como era de esperarse y en la sacristía del poblado tampoco tuvimos mejor suerte. No deja de conmover el hecho de encontrarse en un sitio así, especialmente sabiendo que de allí salieron nuestros raíces progenitoras para aventurarse en el año catapún y venir a fare l´América. Al menos los mios vinieron a parar a esta tierra venezolanas y nunca se devolvieron.. Otros los que permanecieron en Italia, combatieron en las guerras europeas y allí quedaron. Hay un monumento en la pequeña plaza-estacionamiento del poblado. En la placa conmemorativa figuran varios Ratto y unos Ciarlo… Después de pasar la tarde allí y tomar muchas fotos continuamos nuestro percorso enfilando por la Autostrada dei fiori.

1 comentario:

Anónimo dijo...

América, un muy bello y para mi un excelente trabajo del blog. El arreglo de las fotos, mejor no se puede. El relato, una delicia.
Te felicito.

Saludos, Ernesto H.Marín